Martes, 04 de julio de 2006
Desde los cinco años, Francisco de la Vega Casar mostró predilección por las oscuras y profundas aguas del río Miera, que pasaba por la localidad de Liérganes (Santander) que le vió nacer. Ya a esta edad mostró unas aptitudes fuera de lo normal que congregaban a los vecinos para verle sobre el puente desarrollando lo que se supone, eran proezas acuáticas de respiración, buceo y destreza natatoria. La leyenda dice que por ello su madre le maldijo: "¡Permita la Virgen que te conviertas en pez!".
La madre de Francisco, al enviudar cuando él tenía 16 años, le mandó a Bilbao a aprender el oficio de carpintero. Francisco salía al atardecer de la serrería e iba a bañarse a una ría cercana todos los días, hasta la víspera de la noche de San Juan, que fue a bañarse al mar con unos amigos. Dejó su ropa con la de los demás y se sumergió para disfrutar de su baño, pero poco a poco fue adentrándose más y más, dejándose llevar por la corriente hasta desaparecer. Dado que era muy buen nadador, todo el mundo pensó que volvería, pero entrada la madrugada no había vuelto, así que lo dieron por engullido en las aguas del Cantábrico.
Cinco años después, durante el frío mes de Febrero, unos pescadores que faenaban en la bahía de Cádiz vieron merodear la sombra de un extraño ser acuático. Con el tiempo consiguieron atraparlo con unas redes de arrastre, atrayéndolo con un cebo a base de pan y carne. La presa era en realidad un hombre joven de 1.80 de estatura, extremadamente corpulento, de tez tan pálida y macilenta que aparecía traslúcida, y un cabello rojo como el fuego. Lo más asombroso es que el joven tenía una cinta de escamas, que iba de la garganta al estómago, y membranas entre los dedos, comos los patos.
Tras deliberar, le tuvieron tres semanas en un convento, donde ordenaron realizarle varios exorcismos por si hubiera algún demonio en su cuerpo. Fue interrogado día y noche durante muchas semanas pero nadie logró sacarle una sola palabra, hasta que finalmente pronunció algo: Liérganes. Y a Liérganes fue llevado.
Los testigos cuentan que cuando llegaron a pocos kilómetros, el ser bajó a tierra y dio perfecta cuenta de conocer ese lugar. Su madre y hermanos le reconocieron y abrazaron emocionados, pero Francisco no dio ninguna muestra de alegría o reconocimiento. Y cuenta la leyenda que pasó varios años en casa de su madre, mostrando absoluta indiferencia hacia todo, en silencio. A veces mascullaba palabras como "tabaco", "pan" y "vino" (se dice que por haberlas escuchado infinidad de veces en boca de los pescadores cuando se acercaba a las barcas), y siempre vestía con harapos. Se pasaba horas devorando carne y pescado crudos, para pasarse días enteros sin comer después. Permanecía quieto muchas horas, tendido boca abajo sobre el suelo, sin demostrar nunca interés ni afecto por nada ni nadie, que se sepa.
Una tarde de 1682, dicen que le oyeron gritar como un animal herido, mientras se dirigía a las aguas del Río Miera, donde a pesar de intentar impedírselo unos campesinos, logró finalmente zambullirse de nuevo en las aguas que para él seguramente representaban su verdadero hogar, y a gran velocidad dejo atrás el pueblo para desaparecer, esta vez para siempre.
                                                ... una de las histórias que me has contado ...
Por: GoTaH RaG DoLL | Pequeños Detalles | Voces en el Silencio (3) | Referencias (0)
Todos tenemos que buscar nuestro verdadero hogar, aunque en principio parezca que no es el nuestro por naturaleza. Al final, si hay que hacerlo, hay que tirarse al río...
MaKoKo | 04-07-2006 12:40:29
machito | 05-07-2006 02:33:55
Alfonso Jiménez | 06-07-2006 03:02:46
"La oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en alguna pared, el ignorante permanece tranquilo en el centro de la estancia."               Anatole France